Si el mar que por el mundo se derrama
Tuviera tanto amor como agua fría,

Se llamaría, por amor Emilia,
Y no tan sólo mar como se llama.
Si la llama que el viento desparrama,
Por amor se quemara noche y día,
Esta llama de amor se llamaría
Emilia, simplemente, en vez de llama.
Pero ni el mar de amor inundaría
Con sus aguas eternas revoltosas
Los ojos grandes de mi esposa.
Ni la llama de amor abrasaría,
Con su energía esplendorosa,
Sino el alma que llora cuando llama.
Madroñera a 11 de febrero de 2004.
Tu esposo Lucas.
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